Si tuviese que definir a Jesús como aficionado al bonsai con una única palabra, esa sería constancia.
Jesús lleva ya muchos años en este arte, pero siempre le cuesta sacar un minuto de su tiempo para ponerse un rato con los árboles. Y no es que no le guste, todo lo contrario, le apasionan y sabe lo duro que es trabajar estos árboles y cuidarlos. Pero aún teniendo poco tiempo, logra sacar un par de minutos al día para dedicarse a sus pequeños y esa constancia, hace que no haya tirado la toalla en el camino y siga trabajando sus árboles y disfrutando de este arte.
Lo mejor de todo, es que yo tengo la suerte de contar con su amistad y aunque no solemos quedar todo lo que quisiesemos, siempre que tenemos ocasión pasamos un rato (aunque sean 20 minutos) en su casa o en la mía, bebiendo una cerveza o tomando un té y trabajando alguno de nuestros árboles. Pero sobre todo, disfrutando de ellos.
El otro día fué uno de esos días. Jesús vino por casa y le pedí que se trajese alguno de sus pequeñajos para meterle mano, y así hizo. A las 18:00, cuando ya no aprieta el calor, se presentó en casa y estuvimos un rato muy agradable trabajando uno de sus acebuches.
El trabajo fue muy sencillo. Quitar alambres, pinzar un poco y ver el futuro del árbol. Vimos la necesidad de un trasplante pero lo dejariamos para la siguiente primavera para favorecer la brotación que estaba marcando. Hablamos de "superabonar" ahora en septiembre y dibujamos el futuro del árbol. Pero lo mejor de todo, y lo que hace que este arte sea tan especial, es que pasamos un buen rato entre amigos.
La próxima visita se hará esperar fijo, porque entre tus lios y los míos, se nos va el tiempo, pero seguro que será una gran visita!
Hoy voy a dedicar la entrada a un pequeño "experimento" casero.
Existen muchas entradas relacionadas con la forma de abonar, basándose en productos y recetas "milagrosas", pero muchas de estas formas de abonar necesitan que se expliquen correctamente como deben hacerse para que el éxito del abono sea el esperado.
A finales de julio, decidí alternar el abono que utilizo normalmente con hanagokoro siguiendo los consejos de un gran amigo. Muchos de los presentes en aquella tertulia, me aconsejaron no usarlo, ya que "en verano con el calor, no se pudre".
Y esto es una verdad como un templo. Pero claro...y si le ayudamos a que se "pudra"?
Pues bien, despues de 2 meses en los que he aportado 3 veces hanagokoro, he entrado en la "primavera de septiembre" con los árboles muy vigorosos y llevo todo el verano disfrutando del crecimiento de los árboles. Y mucho más aún, el alcornoque que os presenté como "el débil" ha compensado la brotación con ayuda del pinzado y el hanagokoro, quizás, por la activación de microorganismos que provoca este tipo de abono en nuestro sustrato.
Vamos con las fotos que siempre ayudan más a entender estos experimentos.
Todos conocéis el hanagokoro: En apariencia, parece una bola de paja triturada con poco peso y que a simple vista te da que pensar sobre su efecto a la hora de abonar.
Si lo dejamos directamente sobre la maceta y lo regamos, observamos como cambia un poco de color, pero con estos calores, vientos y horas de luz, termina por endurecerse un poco y así puede pasarse años y años. Pensamos que esta funcionando, y lo dejamos ahí, pero no vemos ningún resultado. Es más, cuando lo levantamos, solo vemos una pequeña capa de color negra, de la parte que sí ha funcionado, pero no es lo correcto.
Ahora, podemos ingeniar mil maneras de taparlo. Apartando una capa de tierra y cubriendolo por completo, con musgo de nuestros árboles, con musgo de fibra larga, etc. Entonces, el resultado es diferente. A los dos días de empezar a regar, observamos como le aparece una fina capa de "pelo", fruto de la actividad microbiana que se está produciendo y por tanto de la correcta aplicación del abono. Es más, si lo levantamos, podemos llegar a encontar hasta gusanos que están alimentandose de este abono y que ayudan a su descomposición. A las semanas, notaremos como los árboles empiezan a sacar una brotación uniforme y crecen con una coloración muy interesante. Algo estaremos haciendo bien.
Es más, cuando vamos a reponerlo, no encontramos muchos residuos que retirar, osea que se ha descompuesto correctamente.
Conclusión: Podemos usar hanagokoro en verano, siempre y cuando lo hagamos correctamente.
Ahora me ha quedado la duda del biogold...¿Qué pasará si lo enterramos? Habrá que probar!
Chicos, esto es ciencia! Y no lo que hace el hombre de negro en el Hormiguero...jajajaja.
La última semana he estado algo más liado de lo normal y he tardado un poco más de la cuenta en publicar una nueva entrada. Prometo compensaros con un par de entradas esta semana.
En una de las últimas entradas, hablábamos de una de las plagas más corrientes por el Sur de España en los ficus y os comentaba que había dejado que la plaga se instalase algo más de lo normal en el árbol para poder hacer la entrada.
Hoy volvemos a hablar de ese árbol.
Tras los tratamientos para eliminar la plaga, el árbol ha empezado a amarillear de forma acelerada un elevado número de hojas. Los motivos son dos. Uno: Las especies perennes suelen renovar las hojas durante todo el año o como en este caso, si hay algo fuera de lo normal, suelen hacerlo de forma masiva. Dos: Los tratamientos químicos provocan el envejicimento acelerado de los tejidos vegetales y puede provocar, en el caso del uso de clorpirifos, la defoliación química.
Por lo que he decidido aprovechar para sanear, pinzar, aclarar y reestructura un poco el árbol.
Este es su estado inicial
En estas fotos se puede ver el número de hojas amarillas y la cantidad de brotes que hay para aclarar. El árbol está perdiendo su orden y necesita volver a trabajarse para seguir corrigiendo errores y seguir formándolo. Y todavía se aprecian algunos daños de los trips.
Es un árbol muy bonito, en estilo moyogui con una cantidad de raíces aéreas que alimentan a diferents ramas, esto es muy atractivo, visualmente, pero presenta un inconveniente. Las ramas que presentan estas raices engordan de forma diferente al resto, por lo que es importante formar bien todas las ramas para equilibrar la presencia del árbol.
El trabajo ya lo conocéis, eliminamos todos los brotes mal situados y vamos seleccionando las que nos interesan. Y poco a poco vamos consiguiendo el trabajo final.
Uno de los defectos que presenta este árbol es la primera rama. Esta rama es demasiado recta y sobre todo, el tamaño es fino en comparación con el resto de ramas, pero no podemos eliminarla porque está en un lugar muy bueno. Vamos a alambrar, intentar retrasar la formación y más adelante la haremos engordar.
Y poco a poco, tras un montón de hojas después...
Aún queda mucho trabajo por delante para formar una ramificación elegante, en la que perderse sea un placer. Mientras tanto, seguiré trabajando sin descanso para conseguirlo.